06 Ago 12 MESES 12 PRINCIPIOS : NO VIOLENCIA PRINCIPIO 8
Estoy de acuerdo en no imponer mis actitudes y deseos (incluidos los sexuales) a otros. Estoy de acuerdo en intervenir y parar o, al menos, decir que me gustaría parar, acciones (incluyendo manipulación o intimidación) que sienta que pueden ser abusivas para mí mismo, para otros en la comunidad o para los seres sintientes en general. Estoy de acuerdo en respetar la vida en todas sus manifestaciones.
Cuento clásico hindú;
Parvati es una de las diosas más amorosas, benevolentes y misericordiosas del panteón hindú. Es la consorte de Shiva y se manifiesta extraordinariamente compasiva. Cierto día, uno de sus hijos, Kartikeya, hirió a una gata con sus uñas. De regreso a casa, corrió hacia su madre para darle un beso. Pero al aproximarse al bello rostro de la diosa, se dio cuenta de que ésta tenía un arañazo en la mejilla.
-“Madre- dijo Kartikeya-, hay una herida en tu mejilla. ¿Qué te ha sucedido?”
Con sus ojos de noche inmensa y profunda, la amorosa diosa miró a su querido hijo. Era su voz melancólica y dulce cuando explicó:
-“Se trata de un arañazo hecho con tus uñas”.
-“Pero, madre- se apresuró a decir el joven-, yo jamás osaría dañarte en lo más mínimo. No hay ser al que yo ame tanto como a ti, querida madre”.
Una refrescante sonrisa de aurora se dibujo en los labios de la diosa.
-“Hijo mío-dijo-, ¿acaso has olvidado que esta mañana arañaste a una gata?”.
-“Así fue, madre”- repuso Kartikeya.
-“Pues, hijo mío, ¿es que no sabes ya que nada existe en este mundo excepto yo? ¿No soy yo misma la creación entera? Al arañar a esa gata, me estabas arañando a mí misma.
“Al herir, te hieres. A quienquiera que dañas, te dañas a ti mismo”.
La OMS define la violencia como: el uso intencional de la fuerza o el poder físico, de hecho o como amenaza, contra uno mismo, otra persona o un grupo o comunidad, que cause o tenga muchas probabilidades de causar lesiones, muerte, daños psicológicos, trastornos del desarrollo o privaciones.
Además de los conflictos civiles y las guerras, la violencia puede ser: física, psicológica, sexual o por omisión de cuidados. Es un fenómeno mundial que atraviesa todas las fronteras, que no depende de raza, edad, condición socioeconómica, educación, credo, religión, orientación sexual o lugar de trabajo. Es un término genérico que incluye todos los tipos de abusos: el comportamiento que humilla, degrada o damnifica el bienestar, la dignidad y el valor de la persona.
La no violencia implica el máximo respeto hacia uno mismo, y hacia los que nos rodean, ya sean: pareja, hijos, padres u otros miembros de la comunidad. Conlleva el buen uso del pensamiento, la palabra y la obra. Cada uno de nuestros actos, pensamientos y palabras tiene consecuencias tanto en nosotros como en las personas y el entorno que nos rodea. Ver al otro como a uno mismo es la clave, ya que nos permite parar, centrarnos, observar y ser coherentes en nuestra vida. No juzgar es de suma importancia; lo hacemos desde nuestra interpretación, que deriva de nuestra cultura, educación, familia, religión y experiencia en vida. No conocemos cuáles son las circunstancias de la persona que ha sufrido violencia; la compasión y el respeto hacia ella son la base para acompañarla en su recuperación. Estas personas pueden aprender que existen otras formas de hacer que son diferentes de las que ellos vivieron, y que las nuevas herramientas enseñadas con respeto y amor pueden ayudarles a seguir su camino, generando en ellos autoconfianza y seguridad.
La omisión de actos, o no intervención cuando observamos un acto violento de cualquiera de los tipos mencionados, nos hace responsables de las consecuencias.
Especial mención a la violencia infantil: nuestra sociedad carece de un programa de prevención del maltrato infantil y muchos son los menores que, desamparados política y judicialmente, quedan desprotegidos y sufren violencia física, emocional y sexual en detrimento de su desarrollo, autoestima y socialización.
El niño aprende a través de neuronas espejo, repite y considera normal el comportamiento que observa en sus progenitores, cuidadores y educadores. Los menores que han sufrido malos tratos durante la infancia muestran un mayor riesgo de presentar conductas antisociales y violentas durante su vida adulta, fenómeno denominado “ciclo de la violencia” .
El miedo genera en ellos una activación del sistema nervioso simpático, éste estimula las glándulas adrenales que producen adrenalina y cortisol. Se pierde así la capacidad de razonar, discernir, crear y es dificultoso el aprendizaje, ya que el neocórtex activa el instinto de supervivencia. El miedo, la duda, el estrés y la ansiedad funcionan como estímulos desencadenantes.
Es nuestra misión darles las herramientas, crear los límites y acompañarlos en su crecimiento de forma amorosa, educándolos respetuosamente con valores y experiencias, proporcionándoles un ambiente que les permita recuperar su confianza y seguridad.
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