Tres pilares de nuestra escuela - Fundación Viguelut
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Tres pilares de nuestra escuela

Fundación Viguelut

“Queremos que todos los seres humanos, en su conjunto o individualmente, jóvenes o viejos, ricos o pobres, nobles o plebeyos, hombres o mujeres, puedan instruirse plenamente y convertirse en seres completos.

Queremos que se instruyan y formen perfectamente, no sólo en tal o cual punto, sino igualmente en todo lo que permite al hombre realizar íntegramente su esencia, aprender a conocer la Verdad, a no ser engañado con falsos pretextos, a amar el bien y a no ser seducido por el mal, a hacer lo que se debe hacer y a guardarse de lo que hay que evitar, a hablar sabiamente de todo con todo el mundo; por último, a tratar siempre las cosas, a los hombres y a Dios con prudencia y no a la ligera, y a no apartarse jamás de su meta: la felicidad”

 

Comenius. Siglo XVII, Padre espiritual de la UNESCO.

La Fundación Viguelut surge para mejorar y dignificar la vida de las personas, enfrentándonos a todos los retos que requiera esta nueva humanidad. Para ello hemos creado nuestra Escuela.

 

Queremos recordar y volver a poner en práctica los valores clásicos, los valores en la vida humana que tienen como base el “bienestar general de todos los pueblos” y son principios rectores en los que pueden fundarse y planificarse nuestro día a día y el trabajo común. Deseamos fomentar una actitud mental inclusiva y cooperativa, que fusiona el corazón y la mente en una condición de sabiduría y de inteligencia imaginativa, estimular la justicia y la integridad, generar un sistema menos materialista, y más en sintonía con los tiempos que vienen. Todo ello se realiza antes en uno mismo, volviéndose un ser individual integrado, fuerte, para luego crecer en el grupo.

 

Dichos valores son:

  • El Amor a la Verdad—esencial para una sociedad junta, incluyente y progresista;
  • El Sentido de la Justicia—el reconocimiento de los derechos y necesidades de todos;
  • El Espíritu de Cooperación—basado en una buena voluntad activa y el principio de las rectas relaciones humanas;
  • El Sentido de la Responsabilidad Individual—con respecto al grupo, la. comunidad y los asuntos nacionales;
  • El Servicio al Bien Común—(con respeto a la propiedad privada), —mediante el sacrificio del egoísmo. Sólo lo que es bueno para todos es bueno para cada uno de nosotros.

En nuestra escuela, construimos un espacio tranquilo y acogedor, al que puedes venir a descansar, a encontrar el apoyo y el acompañamiento que necesites en lo físico, emocional, psicológico o espiritual y en la tranquilidad de la naturaleza. Te ofrecemos diversas herramientas de trabajo personal y colectivo. El nuestro será un lugar donde puedas reconstruirte como ser humano, donde te sientas valioso para ti mismo y para tu comunidad. Te esperamos, siempre que nos necesites. Nuestro sistema está basado en tres pilares básicos y sencillos de practicar: meditación, estudio y servicio. Utilizando los tres pueden las personas conocerse mejor, llegar a la comprensión de lo que son y compartirlo con los demás, aportando al mundo.

1 MEDITACIÓN

 

QUÉ ENTENDEMOS POR MEDITACIÓN

 

La meditación es introducirse en la contemplación y en la reflexión. Nuestro concepto transciende al concepto de “paz en la mente”. Buscamos la receptividad mental de una mente enfocada, con capacidad de visualizar, de construir formas mentales, que utilice la imaginación creadora con una exacta comprensión del propósito interno capaz de dirigir la energía por un acto de voluntad y actuar constructivamente en el futuro.

 

La meditación es una técnica científica en la que puede confiarse para obtener resultados si se sigue con cuidado y precisión.

 

CUÁL ES EL OBJETIVO

 

La meditación nos conduce a una mayor visión, comprensión, e integración con las variadas formas que toma la vida. Nos ayuda a desarrollar la autodisciplina en nuestra vida mental, emocional y física exenta de fanatismos de nuestra personalidad egocéntrica o egoica. Desarrolla nuestra conciencia de unidad y responsabilidad en constante expansión, conduciendo a la vida personal al alineamiento con la intención del alma.

 

CÓMO LO HACEMOS

 

de un individuo a otro, cada uno debe encontrar su propia vía. La experiencia es la que permite convertirse en experto en el uso correcto de la mente, alinear la conciencia con la energía del alma y aprender cómo dar una expresión correcta en la meditación a los abundantes recursos espirituales disponibles en el servicio a la humanidad.

 

Existe un método que se aprende y que se puede poner en práctica para obtener la concentración y el alineamiento de la conciencia vuelta hacia la fuente primera de la inspiración espiritual – el alma. Todo comienza por la actividad mental, no sólo la de la mente inferior, que representa la facultad de análisis y dirección, sino también la que consiste en traer la mente inferior, dirigiéndola conscientemente, al alineamiento con la mente superior y el alma. Un “pensamiento-simiente” contemplado a la luz del alma produce nuevos pensamientos, iluminación mental, que la mente inferior interpreta y pone en práctica, para crear desde lo superior algo nuevo que aporte desde la imaginación creadora.

2  ESTUDIO

 

QUÉ ENTENDEMOS POR ESTUDIO

 

El estudio es la voluntad de llegar a comprender la verdad sobre algo, integrándola en nosotros para poder interactuar desde una esfera cada vez más completa de la realidad.

 

Cuando hacemos algo, conocer el mecanismo que subyace nos permite lograr un efecto más consciente, real y hermoso. Pongamos por ejemplo que, sin yo saberlo, tengo un pincel invisible en mi mano. Cada vez que haga un gesto con mi brazo, ese pincel pintarrajeará el

 

aire a mi alrededor, creando una imagen sin sentido de líneas y trazos dispersos, pues yo no conozco la existencia del pincel. Pero si yo sé que tengo ese pincel, y que cuando muevo la mano, deja un rastro, podré dirigirlo voluntariamente y crear con él bellas imágenes, formas y frases, ¡podré incluso escribir un libro! Esa es la diferencia entre ser consciente de algo y no serlo, y el estudio es el medio que nos permite conocer las magníficas entretelas de nuestro mundo.

 

En nuestra voluntad de estudio está avanzar siempre hacia una percepción más exacta de la inmensidad de la existencia, la naturaleza, la vida y el ser, que nos permita acceder consciente y operativamente a nuevas cotas y planos de manifestación, contribuyendo así a la autoconsciencia universal, esto es: a que el universo, el todo, Dios, se conozca a sí mismo.

 

CUÁL ES EL OBJETIVO

 

El objetivo del estudio, tal como nosotros lo enfocamos, es promover activamente la evolución de la conciencia del ser humano.

 

Todo propósito requiere para su logro un estudio previo: análisis del contexto, variables a tener en cuenta, proyección de posibles resultados (hipótesis), planteamiento del método más adecuado, etc. Sin estudio, en realidad seríamos como hojas al viento, sin voluntad creadora ni evolutiva.

 

A nivel individual, la finalidad del estudio es lograr la virtud de la personalidad: cuanto más estudiamos desde una perspectiva conocedora, curiosa, fascinada de la inmensidad de la creación, más nos damos cuenta de las fuerzas que mueven la vida, más trascendemos la pequeñez de nuestros propios puntos de vista limitados y menos dramas egoicos nos hacen perder el tiempo vital de la conciencia. Cuanto más sabemos, más sabemos que no sabemos. El estudio genuino nos hace humildes, muy al contrario que intelectualistas en busca de acumulación de datos, nuestro estudio debe entenderse siempre como una herramienta de encuentro con el alma, de disposición al servicio de la vida, del amor, de los demás seres y de la evolución en sí misma, plan de la existencia.

 

A nivel colectivo, el estudio es el medio que nos permite acelerar la trama evolutiva de la conciencia y de la especie. Solo se puede intervenir sobre aquello que se conoce: el conocimiento es la puerta que nos permite acceder a nuevas y mayores realidades. Cuando conocemos o aprendemos algo, abrimos en nosotros la posibilidad de experimentarlo y de

 

expresarnos en esa nueva realidad recién conocida, y así interactuar en ella. Y no solo abrimos esa posibilidad para nosotros, sino también para nuestros compañeros de especie, puesto que guardamos una misma conciencia colectiva en permanente comunicación evolutiva.

 

Un físico dijo una vez que el universo no está hecho de materia, sino de información (Vlatko Vedral). El estudio profundo nos permite transformar esa información en conocimiento, y este conocimiento nos permite interactuar cada vez con mayores aspectos de realidad, hasta ese momento inaccesibles para nuestra conciencia. Es por ello que la evolución es el resultado del conocimiento; evolucionar es integrar el aprendizaje de forma que sumamos esa nueva frecuencia aprehendida a nuestra estructura energética, algo que, por supuesto, se reflejará en todo nuestro ser (cuerpo físico, mental, emocional…), individual y colectivo, permitiéndonos nuevas expresiones de vida y de ser.

 

Así, el aprendizaje de nuestros ancestros, la sabiduría erigida durante milenios por todas las mentes y seres actuantes, sintientes y pensantes, permiten un punto de partida más avanzado del que ellos tuvieron en su momento. Integramos la parte instintiva y emocional de ese conocimiento transgeneracional en nuestro ADN, y a través del estudio integramos la parte mental, consciente y operativa, que nos permite seguir evolucionando como especie, generación tras generación, sin necesidad de repetir los mismos errores.

 

El verdadero estudio supone un esfuerzo de síntesis donde todo el conocimiento de la humanidad es recopilado, analizado, interrelacionado y reunificado constantemente. Todo lo que como raza hemos aprendido y trascendido hasta el momento se disgrega, se examina y se extrae de ello la esencia más pura, las líneas de expresión: la verdad. Este trabajo es imprescindible para separar lo falso de lo real, para revisar y reestructurar lo conocido desde cada nuevo escalón evolutivo alcanzado, facilitando así alcanzar el siguiente. Y como todo está en constante movimiento y cambio, esta labor de estudio ha de ser también constante.

 

A mayor conocimiento, mayor evolución. Por eso estudiamos: para servir activamente al plan evolutivo de todos los seres, y en especial del Ser Humano.

 

El estudio busca la generación y custodia del “almacén de conocimiento de raza”, para facilitar su evolución, su despertar y su conciencia. Esforzarnos conscientemente por, mediante el estudio individual y grupal, reforzar este campo de conocimiento humano colectivo, es de una utilidad difícilmente narrable; sus efectos deben ser sentidos, pues

 

trascienden nuestra comprensión racional. Es por ello que el estudio consciente y desinteresado de sí mismo es siempre una característica de un servidor del mundo, y este es el objetivo real del estudio así enfocado, que es pilar en nuestra Escuela.

 

CÓMO LO HACEMOS

 

Nuestro estudio está enraizado en el necesario equilibrio entre razón, ciencia y fe. Ciencia y espiritualidad son en realidad manifestaciones de la misma voluntad conocedora: ambas buscan exactamente lo mismo, que es acercarse a la verdad, comprender la realidad del ser. En lugar de negarse mutuamente, hemos llegado a una encrucijada en la evolución del conocimiento humano, en la cual solo es posible continuar avanzando desde una integración de ambas perspectivas. Ciencia y espiritualidad son las dos caras de la misma moneda; la física cuántica ha chocado de lleno contra el muro de la conciencia, y solamente escuchando y estudiando verdaderamente los preceptos de la llamada “sabiduría perenne” podrá llegar la ciencia a novedosos postulados que le permitan continuar investigando desde un nuevo nivel, de infinitamente mayor potencial conocedor que hasta ahora. Un inminente cambio de paradigma científico es presentido por muchos, donde, como decía Einstein, “el mayor peligro para la ciencia será una mente cerrada”.

 

Debemos por tanto aunar esfuerzos en el camino del estudio y el conocimiento. Cada uno de nosotros es una “perspectiva de Dios”; cada pensador, cada perceptor y ser sintiente es una perspectiva única, y ninguna perspectiva concreta puede contemplar la realidad tal como es. Solamente sumando todas esas perspectivas podría comenzarse a dilucidar qué es en realidad la realidad. Pero si negamos la perspectiva del otro porque no la comprendamos, entonces nos quedaremos solo con nuestra pequeña porción de realidad, y cualquier avance será imposible.

 

Lo fundamental para que esta suma de conocimientos ocurra es el respeto y la humildad: dejar a un lado ciegos dogmas religiosos, así como trascender la necedad científica de pensar que podemos comprender la realidad con un solo método.

 

Los conocimientos espirituales y metafísicos son perfectamente integrables y utilizables por los científicos, sin caer en incongruencias irracionales o supersticiosas, sino expandiendo sus límites concretos. Pero hay un problema: al igual que en ciencia existe algo que llamamos “suficiencia investigadora”, que pasa por ser garantía de que un investigador tiene rigor suficiente para ser aceptados sus estudios dentro de la comunidad científica, y que es lograda al demostrar conocimiento y aptitud obtenidos a través del

 

profundo y sistemático estudio de los métodos y preceptos de la ciencia moderna, así también un investigador espiritual, un metafísico, debe obtener esa “suficiencia” que garantice que sus axiomas están correctamente fundamentados. Y esto es justamente lo que hacemos con el tercer pilar de nuestra Escuela, el estudio: fuente de discernimiento que garantice la sobriedad y fundamento de nuestras consideraciones, y sea punto de encuentro inteligente para todas las disciplinas que busquen verdad.

3 SERVICIO

 

QUÉ ENTENDEMOS POR SERVICIO

 

Servir es olvidarse de uno mismo, una vez uno se ha amado. Parece un juego de palabras, pero no lo es. Servimos si amamos y si hemos hecho el trabajo previo de amarnos. Vamos más allá del “yo” para pasar al “nosotros”. El ego de la personalidad se funde en lo grupal. Entonces aplicamos el amor en acción, la caridad. La caridad no es algo abstracto ni muerto; es algo real y viviente. Es el primer rayo que nos despierta por la mañana y nos impulsa con el primer pensamiento sobre el que tenemos que trabajar y nos induce hacia lo que debemos hacer. Servir es hacer lo que debemos, no lo que queremos.

 

Servicio es actitud, es pasión, es estar presentes. Servicio es ofrecer, regalar, ver, accionar, servicio es contemplar para crear. Son esas cosas que hay que hacer para el mundo, esa mirada que nada quiere para uno mismo y tanto para todos, es lo que queremos construir y lo haremos entre todos. Es estar dispuesto, se da cuando cualquier cosa que hagas te parece que es para aportar, para crecer, solo así el mundo se transformará. El servicio está en nuestro día a día, en cada momento; se escucha lo que se necesita y el que esté disponible lo realiza con el esfuerzo perfecto y el máximo amor.

 

Cualquier cosa puede ser servicio: limpiar, escribir, acompañar, enseñar, etc.

 

El servicio es esencialmente la expresión espontánea del contacto con el alma. El encuentro de las necesidades humanas y la creación de una comprensión mundial en nuestro círculo y en nuestro entorno es una responsabilidad fundamental de toda persona que ha llegado al punto, en el que lo propio no le basta, porque desea ponerlo a disposición de los demás. Ningún hombre vive “para sí mismo”. Sólo cuando el amor se exterioriza como servicio, puede el hombre estar a la altura de su capacidad innata. No somos islas, sino seres sociales que aportan a los demás.

 

CUÁL ES EL OBJETIVO

 

Muchos conocemos la frase “amarás al prójimo como a ti mismo”. Respetarse a uno mismo significa comprender el significado de la vida. Se respeta sólo a una persona bella, sabia, buena. Este hecho, uno lo ve primero en sí mismo, y luego en los demás. Si vemos lo bueno, la inteligencia, la sabiduría, en nosotros mismos, podremos verlas en los demás. Respetamos a los demás por la conciencia que tenemos de nosotros mismos. ¿Por qué́ el padre ama a su hijo? – Por el respeto que tiene por sí mismo. Este respeto se transforma en amor por el hijo. Y, ¿qué es amor? – Verse a sí mismo en otros. ¿Qué es respeto? – Tener conciencia de su dignidad humana. Luego viene el servir a algo superior: ¿qué es servir a lo superior? – Tener conciencia de que todo viene de algo superior más allá de nosotros. Si uno cree interiormente que para Eso, todo es posible, estará preparado para todo.

 

Por lo tanto, hombres que se reconozcan como seres humanos completos, independientes, libres y capaces de todo, formarán una opinión pública focalizada, determinada y bien informada, que es una fuerza imparable, pero que ha sido poco utilizada. La credulidad del ciudadano medio, su buena disposición para aceptar lo que se le dice, si se dice lo bastante ruidosa y repetidamente y con la contundencia suficiente, es bien conocida. La persona irreflexiva y el emocional puede ser influida fácilmente en cualquier dirección, y muchas veces inclinada en su propia ventaja por los que no tienen los intereses mejores para la humanidad.

 

Sin embargo, las personas inteligentes y con corazón pueden provocar el cambio necesario y generar una opinión pública constructiva. Cuando las personas que quieren servir se encuentran y se unen, no importa cuál sea su partido político, su nación o religión, van más allá de sus diferencias y se centran en lo que les une. Esa es la cultura de la unión. Unirse significa ampliarse, armonizarse, fortalecerse. Se dice que la unión hace la fuerza; pero en esta frase falta algo: la unión en el amor hace la fuerza.

 

CÓMO LO HACEMOS

 

Servir es importante en nuestra vida: en la fricción, con el esfuerzo y la ardua actividad, se evocan los poderes del alma, y hace de la meditación un requisito esencial. Meditando y sirviendo, con comprensión, podremos llegar a realizar acciones correctas en el mundo.

 

Pero servir no es fácil. Generalmente se interpreta como algo muy deseable, pero raras veces se comprende cuán difícil es: implica sacrificar tiempo, todo aquello que nos interesa desde el ego y las propias ideas; requiere un trabajo arduo, porque necesita un esfuerzo deliberado, sabiduría consciente y habilidad para trabajar sin apego, transformando lo que somos y lo que pensamos, morir para renacer, constantemente.

 

Muchos creen que servir es darle algo al pobre, al enfermo y al desgraciado, porque consideran que deben ayudarlos, sin comprender que esta ayuda la ofrecen porque se sienten incómodos ante esas condiciones y deben esforzarse por mejorarlas, a fin de sentirse nuevamente cómodos. Esta forma de prestar ayuda es buenismo, no servicio. El servicio puede surgir del deseo fanático de seguir los pasos del Cristo, por el deseo de alcanzar la perfección espiritual o porque está “de moda”: todo el mundo sirve en sociedades de beneficencia, en empresas filantrópicas, en la Cruz Roja, en instituciones de elevación cultural, etc. Da la sensación de poder, conquista amigos y es una forma de actividad grupal, aunque con frecuencia beneficia mucho más al servidor (en el sentido mundano) que al servido.

 

El servicio coherente pasa por varios puntos, e implica desarrollar virtudes como: inofensividad, discernimiento, alegría, perseverancia y voluntad sostenida a lo largo del tiempo, y comporta disciplina y entrenamiento personal, eliminar odio, prejuicio, parcialidad, y crítica; también estar informados, analizar lo que ocurre en el mundo y generar ideas creativas para solucionar los problemas; servir activamente y dedicarle tiempo, integrándolo en nuestro día a día, meditar, entrenar nuestra mente y estudiar

 

para ampliar nuestra comprensión del mundo. Hay escasez de líderes en todas partes y generarlos es importante. Necesitamos a personas capaces para ocupar puestos de responsabilidad. Muchos de los que sirven se convertirán en ellos y son necesarios en el presente y lo serán en el futuro.

 

Practicar actos de amor genera flexibilidad y apertura de mente, desprendimiento, don de sí, humildad y entrega verdadera.

 

Cuidemos y practiquemos estos tres principios, que hacen emerger en nosotros cualidades muy valiosas y nos ayudan a evolucionar. Son ellas, como las semillas, las que harán que, creciendo, se instauren en el planeta la paz, la belleza y la armonía, creando así un mundo enteramente nuevo. Vivámoslo como una aventura, sabiendo escuchar a la Vida.